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 TOTALMENTE EN DESACUERDO CON LA PENA DE MUERTE Esa fue precisamente la respuesta que di cuando se me preguntó que si estaba de acuerdo con que se eliminara a los delincuentes reincidentes. Efectivamente, y como un asunto de efecto, esa será mi posición aunque se me catalogue de protector y promotor del mal en nuestra sociedad. En cambio, sostengo y para beneficio de todos, especialmente en los países que dicen ser civilizados donde está constituida la pena de muerte, esta ley debe ser abolida y reemplazada por la regeneración obligatoria del delincuente, por el hecho mismo que esta acción se opone a la Suprema LEY DE “No matarás. Tal como nos dice el Maestro Jesús en el Evangelio de Salud de San Juan: “Sólo Dios tiene derecho a quitar la vida. La condena a muerte significa odio al prójimo y cruel venganza al aplicar el odioso castigo de ojo por ojo y diente por diente” Clic en detalles para leer completo
Lo ideal sería, de acuerdo a la ley del amor, regenerarlo de manera obligatoria y educarle, disciplinarle y enseñarle una profesión para que pueda ganarse la vida con su propio trabajo. La ley del amor es ley máxima y es, sin lugar a dudas, la que hace posible la existencia en este mundo de tercera dimensión y en todos los mundos del espacio sideral. “La regeneración obligatoria hace el prodigio de vaciar las cárceles, disminuir el número de jueces y policías, y mermar la ignorancia de las bajas esferas sociales, elevando su nivel cultural. Porque el criminal regenerado a fondo, nace en su próxima reencarnación como un ciudadano honesto, decoroso, honrado y trabajador, que trae un inmenso caudal de conocimientos prácticos, creadores de industrias, de artes y oficios. Es un factor de progreso general! En cambio, por cada criminal no regenerado y condenado a muerte, renacerá un criminal más en la próxima vida, que junto con otros tantos no regenerados, llenarán las cárceles, las casas de juego y prostitución, los fumaderos de opio, los manicomios, etc. Es un factor de retroceso general! De manera que la equivocada justicia que condena a muerte aumenta artificialmente la criminalidad del mundo, llenándolos de malos ciudadanos e incrementando hasta los topes la población carcelaria, siendo una rémora para el progreso. También el juez que condenó a muerte recibirá una saludable lección. Porque con esa fatal condena, encadenó su propia persona con el condenado, que en su próxima reencarnación nacerá como su hijo. Y el ex-juez deberá poner todo su empeño en regenerarlo, educarlo e instruirlo, lo cual logrará finalmente, después de ingentes sacrificios, convirtiéndolo en un ciudadano útil, honrado y bueno, que contribuirá al progreso social y económico del país. Esto le servirá de lección al ex-juez para que, si nuevamente llega a desempeñar la magistratura, trate a todos los que deba juzgar, con la misma consideración como si fuesen hijos suyos, condenándolos a la regeneración obligatoria y no a la pena de muerte, porque sólo así no se encadena con el reo, ya que no lo atrasa si no que favorece su evolución. En el Evangelio de Salud de San Juan, Cristo es muy enfático cuando dice: ”Es que la vida dada por el Altísimo ningún hombre tiene la autoridad de quitarla sino sólo Dios! El que quita la vida al prójimo, aunque fuese Rey, Juez o un enemigo, es un malhechor y un reo ante la justicia inminente, la cual tarde o temprano le hará cancelar esta cuenta, anotada con letras indelebles en la eterna memoria del libro de la vida. El que quita la vida al prójimo en realidad la quita así mismo, pues una muerte semejante se prepara para sí mismo. Y si mata animales para comer sus carnes, estas carnes se tornarán en veneno en su cuerpo, envenenándolo, produciendo dolores y enfermedades, una vida llena de achaques, angustias y una muerte tormentosa. Por el dolor, la angustia, el miedo y el terror que el hombre ocasiona a los animales en el momento de sacrificarlos, tarde o temprano tendrá que sufrir la misma semejante angustia conforme a la eterna Ley de Justicia y Amor, expresada en la siguiente sentencia: “Con la misma vara que midas serás medido”. La carne es un alimento abominable, un veneno en potencia que envenena hasta la misma gota de vuestra sangre, ocasionándoos, tarde o temprano, dolorosas enfermedades y una angustiosa y prematura muerte. Porque el animal en el momento de ser sacrificado, sufre un miedo mortal, tirita, brama, sobreviniéndole un frío, llamado sudor de la muerte, que es un poderoso veneno cadavérico, raíz y causa de las más grandes enfermedades que acechan al hombre, porque trastorna todo funcionamiento fisiológico en sus entrañas. Además, las vibraciones bajas del animal, las emociones y sentimientos, propios de su especie, se transfieren al hombre al consumir sus carnes, contagiando su vida psíquica, rebajando sus sentimientos, sus emociones y sus gustos a la categoría de ese animal, portándose a veces peor que un animal en su fiereza y agresividad, pues no tiene escrúpulos en matar y aún en provocar una sangrienta matanza. La mayoría de los conflictos bélicos son provocados por tales hombres. Entonces un discípulo preguntó: Maestro, si prohíbes comer la carne como alimento, ¿qué comeremos? Cristo respondió: El Padre Celestial ha dicho: Os doy toda clase de hierba que crece en el campo, todas las legumbres y verduras que producen vuestros huertos y también toda fruta de vuestras arboledas, para que os sirvan de alimentos; además, la leche de vuestros animales y todos sus subproductos y derivados. Pero respetaréis la vida de esos animales, no los mataréis, ni comeréis sus carnes ni su sangre, pues, así no quebrantaréis la suprema Ley de no matarás”Si usted desea adquirir esta revolucionara obra, no deje de llamar al 809/ 729-8410O escríbame a:
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